Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de marzo de 2011

La tiranía de la convalecencia

Parece que ya ha pasado lo peor. Hoy en la tarde, tras tantos días de espera y preocupación, volvieron los ojos picaros de mi nenorrona (la grande). Ahora lo que me preocupan son sus dientes. Por alguna extraña razón se le rompieron sus dientes frontales, así es que no me queda de otra más que llevarla al dentista.

Espero que no sea algo muy grave porque no me imagino a mi niña sentada en la silla del dentista abriendo la boca.

Pero ya me preocuparé de eso mañana. Hoy quiero tomarme un pequeño respiro. Incluso la nenorra (chiquita) parece que está mejor de la tos y ha comenzado a gatear. Su cara de triunfo cuando logra desplazarse por la habitación es impagable.

martes, 22 de febrero de 2011

Entre dientes y cronómetros

Mi nenorra (la chica) ha vuelto a las andadas y lleva noches que no me deja dormir. La buena noticia, sin embargo, es que hay una buena explicación: ayer le salió su primer diente. Es curioso sentirse orgullosa por el dientecillo de un bebé, pero cuando descubrí la puntita blanca fue como si me hubiera ganado un gran premio.

Por si acaso, decidí darle muchos besos en sus cachetotes divinos como antídoto al mal humor que me invade cuando llevo noches sin dormir. Pero tengo que admitir que por más buena voluntad que ponga al asunto, al final Mr. D termina pagando los platos rotos. Parece que mi paciencia esta intrínsecamente relacionada con las horas de sueño. Entre menos duermo, más malhumorada me siento.


Fue así que el domingo se me ocurrió la idea del “cronómetro”. Cualquier pareja que haya ido a encontrarse con amigos solteros y sin niños sabe que habrá que turnarse para cuidar a los bebés y más si ya han comenzado a caminar como mi nenorrona (la grande) que parece una escapista profesional. Pero ¿cómo asegurarse que se divide el tiempo por parejo? ¿Cómo asegurarse que no es la madre la que termina atragantándose la comida por cuidar a las criaturas?


Tan complacida estaba con mi plan, que hasta pensé que debería abrir un negocio de relojes de arena que vayan colgados a la carreola. Estoy segura que muchas madres sienten lo mismo que yo. Pero, la emoción me duro poco. ¿Qué pasa si al final mi percepción de tiempo está alterada y resulta que Mr. D pasa más tiempo correteando a las nenorronas que yo? Mejor no me arriesgo.

martes, 15 de febrero de 2011

Mi pequeña adolescente

Cuando voy por la calle se me ocurren mil ideas para escribir. Pero cuando estoy en casa me falta el tiempo y las ganas. Yo creo que sigo un poco “entumida” y por eso hoy que he tenido un buen día no voy a desaprovechar la oportunidad.

En el grupo de canto me encontré con varias madres buena onda. Últimamente había tenido mala suerte y continuamente me topaba con vacas. Soy nueva en el barrio y muchas veces me preguntaba si ese era el problema. En realidad creo que el problema es asistir a grupos de bebes con mi nenorrona que cumple 2 años el próximo mes.

No tengo mucha opción porque también tengo que incluir actividades para la nenorra de 6 meses, así es que intento combinar las cosas. Pero hasta ahora era toparme con una pared.

¿Cuál fue la diferencia? ¿Por qué hoy la actitud de las otras mujeres fueron menos hostiles? Yo pienso que fue suerte, no es posible que sólo haya vacas en este mundo, no? Pero, si soy super honesta, creo que la actitud de mi nenorrona “la adolescente” tuvo mucho que ver.

Creo que todos hemos escuchado el dicho de “los terrible dos” y temo decirles que es por algo que lo dicen. Mi dulce niña últimamente hace más travesuras que de costumbre. En el grupo de canto es muy divertida porque se para a bailar, pero hoy decidió convertirse en escapista profesional.

¡Parece imposible que con esas piernitas pueda correr tan rápido! Así es que ahí me tienen con una bebota en brazos tratando de perseguir a mi adolescente. Llego un momento que no podía más y para mi sorpresa la mujer junto a mí se ofreció a ayudarme.

No me dio ninguna lección de cómo ser una supermadre, ni me hablo de lo buena que ella era. Sólo me dio la mano en un momento que las mías no me alcanzaban. ¡Qué genial encontrar gente así!

Y es que cuando uno cree que ya tienes la situación controlada, surge algo: en este caso la necesidad de mi nenorrona de rebelarse contra su mami.

Claro, tengo que admitir que prefiero a que juegue a escaparse, incluso prefiero que me cierre las puertas de su cuarto, a la horrible travesura que me hizo hace unos días. Debido a que la nenorra chiquita estaba llorando mucho en el baño, decidí sacarla antes. Cuando regresé de ponerla en su cuna en aproximadamente 2 segundos, escucho a la nenorrona gritando “CACA”. Efectivamente, se hizo caca en la bañera. ¡Qué asco!

lunes, 14 de febrero de 2011

Cuestión de madera

Yo creo que hay mujeres que nacieron para ser madres y otras que definitivamente no tienen madera para serlo. Lo peor, es que no lo sabes hasta que no estás en esa posición.

Yo, aunque me duela admitirlo, no tengo la madera. Me cuesta trabajo olvidarme de mis “necesidades” para estar disponible a tiempo completo para mis niñas. Digo que son “necesidades” porque en estos meses, que ya van a hacer dos años, me he dado cuenta que no hay nada que no pueda posponer por el bien de mis nenorras.

La mayor parte del tiempo no es el fin del mundo: cancelar una cena, cancelar el gimnasio, tardar semanas en lugar de días en leer un libro. Como bien les decía nada del otro mundo.

Los que saben dicen que la cuestión es comenzar a poner límites y retomar tu propio espacio. Pero eso es más fácil decirlo que hacerlo. Me temo que tendré que tomar clases de mi nenorrona (la grande) que es experta en decir que “no”. Tan experta que las otras madres piensan que a la pobre la tengo amarrada en casa de tan bien que dice “no”. Si tan sólo pudieran ver mi casa, parece que ha pasado un huracán.

lunes, 7 de febrero de 2011

Baja maternal, ¿dónde es mejor?

No he escrito hace días. Estuve un poco entumida por lo que pasa en mi lugar de trabajo, donde habrá recortes de personal. Aunque esté de baja maternal, es difícil no estar pensar en la oficina o en mi futuro laboral.


Por ahora he decidido emular al avestruz. Las malas noticias, sin embargo, siempre me hacen recapacitar. ¿Saben cuál es uno de los paises con peores condiciones para una nueva madre? Nada menos que EE.UU.



Según un informe del 2010 de las Naciones Unidas, donde analizan la situación de las mujeres, incluso Burundi tiene una mejor baja maternal que EE.UU. El informe es muy interesante, pero si no quieren leerse todo vayan a la página 213, donde está un gráfico donde comparan todos los países.



Es así que si tienes la “suerte” de vivir y trabajar en EE.UU. sólo tienes derecho a 12 semanas de baja maternal, sin pago alguno. Ni un quinto. Nada.



La mayoría de los países latinoamericanos tienen también 3 meses de baja, pero con ayudas financieras. Yo no tengo la suerte de vivir en América Latina, pero si tengo la suerte de vivir en el Reino Unido donde tienes 12 meses de baja maternal.



¡¿Un año?! Si, un año, aunque sólo los tres primeros meses gozas de sueldo. Luego, hasta los 9 meses, el estado te paga una pequeña ayuda. Y los últimos 3 meses no te pagan nada, pero tienes la opción de regresar a trabajar antes si así lo decides.



Claro, no quiero comparar con Noruega o Suecia, pero no me quejo. Doy gracias a aquellos legisladores y legisladoras que se han preocupado por crear condiciones que protejan a las madres. Aquí, por ejemplo, la baja maternal se extendió en el 2007.



Parece una tontería, pero no lo es. Este tipo de “avances” sólo se logran en momentos en que la economía es buena. Ahora no sería posible ni soñar con mejores condiciones. A finales del año pasado, en la Unión Europea fracasó una propuesta para unificar las cosas entre los países miembros. ¿La razón? Es muy caro para las empresas y para los gobiernos.



Por eso, hay que aprovechar lo que se tiene. Es como mi amiga Andrea me recuerda cuando me quejo del frio de febrero: “busca las flores que comienzan a surgir en esta época del año, anunciando el final del invierno.” Y es verdad, si uno camina despacio, encuentras sin fin de pequeñas flores.

lunes, 24 de enero de 2011

El antónimo de compartir

El ver crecer a los bebes es alucinante. Todos los padres lo saben, pero es difícil compartirlo sin arriesgarte a parecer un papanatas, o sin crear inmediatamente una competencia entre las demás madres.


En cualquier reunión, basta con que una mencione orgullosamente que su niño ha comenzado a gatear (por poner un ejemplo) para que las demás comiencen a hacer una lista de las grandes hazañas de los suyos.



“Pues el mío se paraba de cabeza desde las 12 semanas!”, es una afirmación exagerada y estúpida, pero no imposible de escuchar cuando se inicia el círculo de comparaciones maternales.



Hasta cuando hablas de cosas “malas”, como el no dormir, hay competencia. Si una dice que su niño despierta tres veces durante la noche, no faltará aquella que asegure que la suya se despierta cada dos horas. (Esa soy yo, por si acaso)



Pero, no porque todos los bebes pasen por las mismas etapas, deja de ser alucinante lo que hacen. ¿O sí?



Una de las lecciones de la maternidad es definitivamente aprender a callar. No es lo mismo decir en una cena: “Cuando subí el Aconcagua bla,bla, bla” que “mi niña ayer giro en su barriguita como una reloj”.



Por alguna razón, el hablar del Aconcagua es “divertido e interesante”, mientras que hablar de tu niña es “monótono y aburrido”.



Pero ¿saben?, no me importa mucho porque el sentimiento que da ver crecer a tus hijos es tan grande y maravilloso que compensa lo demás. ¡No hace falta ni siquiera compartirlo!



Aunque, tengo que admitirlo, yo no resisto llamarle a Mr. D y a los abuelos para contarles las hazañas de mis nenorras. Con ellos, hasta puedo darme el lujo de presumir de los pedos de mis niñas.

martes, 18 de enero de 2011

Una madre canica

Me duele el cuerpo y estoy feliz. Hace mucho tiempo que no me daba una paliza en el gimnasio. O estaba embarazada o recién parida o simplemente no tenía tiempo.


Hoy tras muchos intentos, lo logré: me pasé 4 horas en el gimnasio. Tengo que admitir que dejar a mis nenorras fue un placer. Lo siento, yo sé que no se deben admitir estas cosas pero es la verdad.

La grandesita ahora se porta mejor, pero la que no me da un respiro es la más chiquita. Lleva una semana de llorar por todo y yo estoy hasta las canicas.

Espero que sea una etapa. Ya casi cumple los 6 meses y quizá sean los dientes. Pero, mientras tanto, yo he tenido que modificar mis planes varias veces para llevarla al doctor porque no comprendo tantas lágrimas.

Los doctores me dicen que no es nada y claro que agradezco que así sea, pero esta etapa de chilladera está sacando a relucir muchos fantasmas.

En primer lugar resiento no tener control de mi tiempo. Es como si ya no dependiera nada de mí, sino de las niñas.

El otro gran fantasma, o más bien cuestionamiento, se trata más bien del futuro.

¿En qué tipo de madre me convertiré? Mi preocupación aumenta cuando leo los artículos que ha publicado recientemente la prensa inglesa sobre el libro de Amy Chua, "Battle Hymn of the Tiger Mother" ("Himno de Batalla de una Madre Tigre"). La escritora defiende y comparte su manera de educar a sus hijas. Su método es bastante cuestionable, aunque ella defiende que esa es la mejor manera de lograr que tus hijos tengan éxito en sus vidas.

En lo que a mí respecta, ODIO las etiquetas y me pone nerviosa esa manera de imponer ciertos ideales. De todos modos, ¿cómo llamaría la señora Chua a las madres como yo? ¿Canicas?

jueves, 13 de enero de 2011

Consternada con la 3ra dimensión

Por fin logré ir al gimnasio. Llegué contentísima a la clase. Una hora para mi solita y solo para mí, pensaba con alegría. De repente, y tal como cantaba Emmanuel, todo se derrumbó. Me vi reflejada en el espejo del gimnasio en tercera dimensión.


Será por flojera o por “valemadrismo”, pero en casa sólo hay un espejo de cuerpo completo y está casi escondido. Creo que sólo me veo reflejada en el horno de la casa. Por eso la sorpresa fue mayor. Ni siquiera las fotos del bautizo de mi nenorra me habían preparado para tal espectáculo. Pero, ¿cómo, engordé tanto en dos semanas? No. Simplemente no me había visto en profundidad (y no lo digo en sentido figurado).


¿Saben que es lo peor? Que me dio risa y hambre a la vez. Definitivamente me tendré que coser la boca.

lunes, 10 de enero de 2011

Tres tristes vacas

Hoy lunes amanecí un poco derrotada. Si bien mi nenorra está durmiendo mejor, no logro que pase más de 3 horas sin despertar. Tampoco logro que tome su siesta en su cuna. Así es que no veo el fin del túnel.

A mi obsesión de dormir se ha agregado la obsesión por los kilos. Traigo 10 kilos de más. Algunas afortunadas los pierden cuando dan el pecho, pero hay algunas desgraciadas como yo que no perdemos ni un gramo.


Antes de finalizar el año comencé a ir al gimnasio. Bueno, más bien me inscribí a uno, porque siempre se me atravesó alguna enfermedad o compromiso cuando tenía previsto ir. La semana pasada logré ir una vez y el entrenador me dijo muy claramente: “mientras no duermas, será muy difícil que bajes de peso”.


Como verán estoy lista. Pese a todo, decidí no dejarme achicopalar y decidí ir a comer con mis nenorras a una cafetería que está cerca de casa. Parece que exagero, pero salir sola con las dos niñas a un restaurante en Londres no es nada fácil. Incluso entrar con la doble carreola puede ser un dolor de cabeza.


Este lugar, sin embargo, es de los mejores para ir con niños. Cuando llegue había tres mujeres con niños de la edad de mi nenorrona grande. A pesar que habían ocupado todo el espacio para los cochecitos, ninguna de ellas movió un dedo para ayudarme a acomodar mi doble carreola.


Ya estoy acostumbrada a la poca solidaridad de los londinenses, así es que me acomodé como pude, saque a las niñas y me senté en una mesa donde no estorbara mucho a los demás comensales. El episodio no hubiera pasado a más sino es porque al salir una de ellas me miro como diciendo: “¿que no vas a mover tu carreola?”.


Yo la mire con mi nenorra en brazos como diciéndole: “!¿Acaso tu moviste un dedo cuando yo llegue?!”. Cuando por fin se fueron se me subió la rabia a la cabeza. Pinches vacas. ¡¿Qué podemos esperar si ni siquiera otras madres son solidarias?! En fin. Vaya comienzo de semana.

martes, 4 de enero de 2011

¿Fin de la esclavitud?

El dar el pecho te convierte en una esclava. Así de contundente fue mi respuesta a la pregunta de Vero, una estudiante que está haciendo su tesis sobre porque las madres deciden amamantar o no.

¿Cómo así?, me preguntó sorprendida. En primer lugar sólo tú puedes hacerlo y sólo tú te tendrás que levantar cada dos horas durante la noche. Durante el día, a menos que te pongas a sacarte leche como vaca, no tienes más opción que estar dando pecho sin importar que estés en la calle. Esto significa que te conviertes en una esclava lechera, concluí.


Ante esta drástica opinión Vero pensó que yo le daría biberón a mi nenorra. No, la corregí. Yo le voy a dar pecho porque es lo mejor para ella.


¿Se imaginan la cara que me puso la pobre, no? Pero yo no lo veía como una contradicción. Dar el pecho es tan maravilloso como dicen las matronas, pero también tiene sus desventajas y yo no estaba dispuesta a callarlas.


Por eso, ahora que mi nenorra ha comenzado a tomar biberón estoy tan alterada. A ella parece gustarle más el biberón y no pone ningún reparo. Es más, hay veces que sólo quiere biberón.


Lo lógico sería que este contenta, ¿no? Por ejemplo, puedo salir sola y dejarla con mi suegra sin el temor de que comience a llorar. Mr. D puede darle de comer durante la noche y así turnarnos. Dentro de poco incluso podré ir al cine o podré salir una noche de parranda y tomar todo lo que yo quiera.


Pero el sentimiento de “libertad” no ha logrado acallar la tristeza. Mi niña ya no me necesita.


Les prometo que NUNCA pensé que me sentiría así. Es ridículo porque ahora no puedo parar de llorar al pensar que mi bebe está creciendo y pronto ya no olerá a bebe.


¿Qué patética, verdad?

lunes, 3 de enero de 2011

Con mente positiva

¿Pero, de qué nos quejábamos?, me comentó un amigo cuando recuerda lo “fácil” que era tener sólo un crio. Eso me hizo pensar en la pareja que conocí en el aeropuerto de Monterrey. ¡Ellos viajaban con 5 niños y uno en brazos! ¿Se imaginan? Cuando los vi, hasta me sentí ridícula por quejarme por tener que viajar con dos bebés.

Pero no me quejo en balde. Con una, pues siempre había algún descanso. El sábado se levantaba Mr. D y yo podía dormir. ¡Incluso podía darme el lujo de tener días libres! Logré ir a unas clases de pinturas los sábados y algún domingo me escape con Jana al spa.


También tuve noches libres. Sin ir más lejos, cuando fui a Monterrey con la primera nenorrona, por ejemplo, mi madre se quedó con ella y yo dormí como una reina. Esta vez, con dos, pues no se pudo por qué mí me tocó cuidar a una. Si hacemos las cuentas, yo no he tenido ni una noche completa de sueño desde que nació la segunda nenorra, hace más de 5 meses.


Pero bien dice el dicho que no hay mal que por bien no venga. Cuando no logró dormir porque me han espantado el sueño me pongo a escuchar la radio y hay programas fenomenales. Mi amigo Martin me recomendó los mejores: The Moth y American Life. Si no los han escuchado se los recomiendo. Y ahora al comenzar el año descubrí otro más que es perfecto para escucharlo a las tres de la mañana: Movie Date. El programa me encantó y eso que hace más de 5 meses que no voy al cine. Tampoco he logrado leer y aún así me encanta el "World Book Club".


Así es que, si lo pienso bien, esto de no dormir tiene su lado positivo. En medio de mi crisis de identidad puedo asegurar que la radio me sigue fascinando. Y no sólo he logrado escuchar todos los documentales de la BBC (algunos son extraordinariamente buenos), he descubierto además otros programas.


¡Ahora sólo falta ver cuántos días logro mantener mi propósito del año de ser más positiva y menos quejumbrosa!

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Medio atolondrada

Hoy dormí hasta las 10 de la mañana. ¿Qué rico, no? Lo malo es que sólo logré dormir en la mañana porque mis nenorras siguen en horario mexicano y durante la noche decidieron que era hora de jugar.

Así es que desperté medio atolondrada. Por si fuera poco mi casa parece que estuvo en medio de un huracán y me abruma el desorden. Más bien me paraliza porque no sé por dónde empezar. Por eso decidí comenzar por escribir mi blog. En México estuve en una burbuja no cibernética y la verdad es que extrañaba escribir mis tonterías.


Pero sólo me doy el lujo de escribir estos pequeños párrafos porque también tengo que escribir a mis familiares y amigos antes de que finalice este año. ¡Y vaya si falta poco! Tal como me dijo una amiga mexicana, los hijos no te dan tiempo de reflexionar y eso tiene sus ventajas. Por eso voy a ser realista y no haré ninguna lista de buenos propósitos, mi único objetivo será sobrevivir con felicidad. En otras palabras, intentaré no abrumarme con el quehacer de las niñas para poder disfrutarlas mejor. Claro, es más fácil decirlo que hacerlo porque ya me quiero ver la sonrisa en la cara cuando no me dejan dormir o cuando lloran al unísono sin ninguna razón.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Felices fiestas, les desea una miedosa

¿Oíste la balacera anoche?, me preguntó mi madre hace unos días. Estoy en Monterrey para pasar las navidades con mi familia y esta pregunta me hizo un nudo el estómago. No cabe duda que la maternidad me ha convertido en una miedosa.


Antes, eran pocas las cosas que me daban miedo. Incluso la muerte me traía sin cuidado. Solo pedía que fuera rápida y sin dolor. Pensaba que si me llegaba la hora, pues ya había vivido en pleno cada día así es que poco me importaba decir adiós. Hoy es completamente diferente lo que siento. El tema de la muerte me horroriza. No quiero morir y dejar a mis niñas solas. El tan sólo pensarlo me paraliza de terror.



Pero no todos los cambios son tan dramáticos. Puedo decir que ahora soy una miedosa, pero también he aprendido a vivir y disfrutar los pequeños momentos. Por ejemplo, las visitas familiares ahora pasan con demasiada rapidez. Mis niñas están fascinadas con su familia mexicana y eso me hace sentirme orgullosa. La navidad también la disfruto ahora mucho más con mis nenorras.



Ahora sólo me quedan dos semanas para regresar a Londres y no quiero ni pensarlo. Sé que el tiempo pasará volando como en estos últimos días. ¡Ni siquiera he tenido tiempo de acercarme a una computadora a escribir el blog! Por eso, quiero adelantarme y desearles a todos unas felices fiestas. No estoy segura cuando podré escribir, lo único certero en este momento es que la próxima vez que escriba tendré irremediablemente más kilos. No me puedo resistirme: tacos, carnitas, barbacoa, polvorones, menudo, tamales, la lista es interminable.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Gira y gira

¿Cómo no marcar a mis niñas?, me preguntaba el otro día. Hoy mi niña más grande me dio la respuesta.

Tengo simplemente que dejarlas ser. Quizá no todas sus reacciones me gusten, pero siempre me hacen reír con sus ocurrencias. Hoy, por ejemplo, a la más grande le dio por dar vueltas y vueltas. Estaba la radio prendida mientras preparaba el desayuno y cuando volteo ¡la veo que está girando como un trompo! Cuando para la música, se para medio mareada y se comienza a reír a carcajadas.

Tal como me dijo una amiga que tuvo niños mucho antes que yo: “el corazón te crece cada día un poco más para poder quererlos más”.

Así es que mientras fuera está congelando, yo dentro de mi casita estoy muy feliz. Incluso puedo admitir que no me importa no estar trabajando en este momento. Los bailes de mi nenorrona (la grande) y los cachetotes de mi nenorra (la chiquita) me tienen muy entretenida. Y por si fuera poco, logre hacer un muy maltrecho muñeco de nieve que luego mi niña decoró con gran cuidado.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Lo quiero todo

La primera vez que fui a Ámsterdam, hacía tanto frio que los canales estaban congelados. Por suerte me estaba quedando en casa de unos amigos que tenían entre sus curiosidades un gorro ruso, de esos enormes que salen en las películas. Me puse el dichoso gorro y así estuve calientita, aunque no faltó algún holandés que se bajara de su bici para reírse a carcajadas por mi ridícula vestimenta.

Ahora que llegó el frio a Londres, no he cambiado y como diríamos en México, solo me falta colgarme un molcajete en la cabeza. No puedo evitarlo, tengo frio. Mr D. solo me mira cuando salimos a la calle con una sonrisa. Seguro que piensa que no es para tanto, aunque no estoy tan segura que le cause la misma gracia cuando envuelvo a las niñas como tamales.

El con solo una chaqueta y nosotras con miles de gorras, guantes y todo lo que se les pueda ocurrir. Por eso me acuerdo muy seguido de mi padre y su típico comentario que hacía cuando nos teníamos que poner un sweater aunque estuviera templado: “es la madre que tiene frio”.

Mientras espero el tren me pongo a pensar que ahora que las niñas vayan a la escuela tendré que tener más cuidado con mi vestimenta. No vayan a decirle a una de mis nenorras: “¿aquella señora del gorro ridículo es tu mamá?!”

Aunque dejarlas en rídiculo, no es mi única preocupación. ¿Estaré mal acostumbrando a mis niñas? ¿Debería llevarlas como los demás niños ingleses que van tan felices con poca ropa? ¿Cuál es el límite para no marcarlas con mi frio, ósea con mis diferencias culturales?

Hoy es por el clima, pero mañana será por la comida, y otros días serán por otras cosas. Yo tengo mis costumbres y quiero que ellas las aprendan y las respeten, pero no quiero que las marquen. No sé si me explico: no quiero que sufran en la escuela por ser distintas a los demás, pero también quiero que puedan compartir conmigo unos Sabritones con mucho limón. O, ¿qué tal unos miguleitos con cacahuates japoneses?

¿Es que pido demasiado?

miércoles, 24 de noviembre de 2010

En un suspiro

“Aprovéchala porque crecen muy rápido”. Esto siempre me lo decían las señoras que se acercaban a ver a mi primera beba. Ahora que tengo dos, ya no tengo tiempo ni de conversar, así es que recibo menos consejos.


Por una parte, lo prefiero, porque cuando uno es madre primeriza pareciera que trae un cartel colgado en la frente que dice: “por favor, dígame su opinión y no se corte ni un pelo”. Tuve que escuchar cada cosa que me dejaba pálida, algunas veces de rabia y otras de vergüenza.



Pero, algunas veces tenían razón: es verdad que crecen muy rápido. Hoy estuve organizando mis fotos y me puse un poco triste. Mi nenorra más grande ya comienza a balbucear y dentro de poco ya no necesitará a su traductora preferida. Creo que pronto dejara su cuna y por más que me alegro que crezca bien y sea independiente, hay una parte mía que quiere llorar.



Recuerdo como si fuera ayer cuando cambié su primer pañal, a través de las aperturas de la incubadora. Era tan chiquita, y ahora es una “muchachona”. Con mi segunda bebé, el cambiar los pañales fue más fácil, pero me temo que crece igual de rápido y pronto dejará de hacer “gü-gü”.



Definitivamente, esto de ser madre no es fácil. Incluso los progresos de tus niños duelen. ¡En fin!

jueves, 18 de noviembre de 2010

Con sólo una mirada

Gambatte” es mi palabra favorita en japonés. No tiene un significado directo en español, pero es como decir “échale ganas”.

En estos días pienso en esta palabra muy a seguido, sobre todo cuando me encuentro a otras madres empujando carritos dobles. Parece que con la mirada y una sonrisa nos decimos todo: lo mal que hemos dormido, las ganas de leer un libro tranquilas o simplemente tomar una ducha de más de cinco minutos.


El verlas me hace sentir mejor. Lo curioso es que nunca antes había visto tantas carreolas dobles, ni tampoco me había puesto a pensar en la complicación de tener dos niñas tan pequeñas al mismo tiempo.

Tengo que admitir que lo mismo me pasó cuando estuve embarazada. !En todas las esquinas veía a otras embarazadas! No cabe duda que no hay nada como vivir una experiencia en carne propia para entender lo que se siente.


Aunque, pensándolo bien, hay experiencias que sería mejor no pasarlas. Tal como comentó una madre en un el grupo de juego en la biblioteca municipal: es difícil tener un bebe prematuro porque uno tiende a sobreprotegerlos.


Ambas tuvimos preeclampsia grave. Yo tuve suerte porque lograron salvar a mi beba. Ella no tuvo esa suerte. Su niño murió. Ahora, tras otro difícil embarazo, logró tener una niña, aunque es prematura igual que mi primera bebita.


Mientras miramos a las niñas aplaudir al son de la música, nos sonreímos. No hace falta más para compartir este momento mágico. Pese a nuestros temores y los malos tiempos, frente a nosotras tenemos a dos niñas sanas, felices y hermosas. ¿A poco no vale la pena echarle ganas?

lunes, 15 de noviembre de 2010

¿Es posible olvidar los pañales?

Siempre me pareció curioso que mi hermano hablara con tanta soltura de las “poposonas” de mi sobrina. ¿Y qué tal de los distintos colores de pañales que surgen en una conversación entre madres?

Ahora que pertenezco a este grupo, entiendo perfectamente el orgullo que puede causar el hecho que tu niña vaya solita al baño y ya sé que no tienes que salir corriendo al médico si tu bebé hace una especie de mezcla verde radioactivo.


¡Lo que me sorprende ahora, sin embargo, es que se me puedan olvidar los pañales cuando voy al supermercado! ¿Lo pueden creer? Todo el día hablando de pañales y se me olvidan en el momento crucial. Por eso tengo que escribir todo lo que tengo que hacer. He llegado al extremo de escribir en mi agenda “sacar la basura”.


Y como es lunes, la lista de cosas por hacer es enorme, así es que aquí la corto. ¡Que tengan un buen inicio de semana!

viernes, 12 de noviembre de 2010

Profesión: MADRE

Hoy bañe a las niñas yo sola y por primera vez no hubo dramas ni grandes chillidos. Es un gran triunfo y me siento feliz. Por fin veo la luz al final del túnel.

Y es que esto de ser madre es mucho más difícil de lo que nunca pensé. Mis amigas, siempre generosas, me dicen que es normal sentirme agobiada porque las dos son muy chicas. Pero yo les juro que hay días que me pregunto si podre hacerlo bien. Eso nunca me paso con mi trabajo.


Lo peor es que uno hace lo mejor que puede, pero, ¿es suficiente? Esa es la gran pregunta.


Todas estas dificultades me hacen pensar en mi madre. ¿Cómo le hizo? Ella era mucho más joven que yo cuando tuvo sus dos criaturas, pero aún así no pudo ser fácil. Mi padre, por si fuera poco, nunca cambió un pañal.


Pero, ¿saben que es lo peor?


Lo peor es que yo pensaba que mi madre no tenía profesión. Yo pensaba -- como muchos misóginos e ignorantes-- que las amas de casa no hacen nada. ¡¿Nada?! ¡Qué equivocada que estaba!


Sólo he visto a una mujer, Susan, que ponía con orgullo “home maker” cuando le preguntaban su profesión. La traducción sería como una “creadora de hogar” que es lo mismo que mi madre cuando ponía “ama de casa”. La gran diferencia es que Susan lo escribió con orgullo mientras que mi madre, como la mayoría de mujeres que conozco, lo escribió con vergüenza.


Cuando pienso eso me preguntó si no vivo en el mundo al revés. Cualquiera que haya cuidado bebes sabe que es más fácil ir a la oficina que quedarse en casa, donde no tienes ni un momento de descanso. Incluso tomarse un café es un triunfo.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿Un poco de sentido común?

La noticia ya es vieja, pero leí hace poco en la BBC que en Indonesia van a imponer una ley para obligar a las madres a amamantar a sus hijos. Me parece absurda la ley. Aunque yo doy pecho a mi niña, no creo que nadie debe obligar a las madres a hacerlo.

No conozco los detalles de la dichosa ley, pero me recordó un comentario de mi cuñada, alias “Madre Perfecta”: “lo peor que puedes hacer es darle fórmula a tu bebe”. Al escucharla tuve que contenerme para no darle una bofetada por estúpida e ignorante.

¿Cómo puedes decir una cosa así, sin saber las circunstancias por las que una madre toma la decisión de dar o no pecho? ¿Cómo sabe ella si la madre tuvo problemas de salud? ¿O que si la madre tuvo que regresar a trabajar inmediatamente?



Definitivamente el tema enciende pasiones. Aquí en Inglaterra está de moda dar pecho. Mi suegra me cuenta que cuando ella tuvo los suyos, la moda era dar fórmula.

Se ha llegado a tal extremo que muchas mujeres prefieren mentir para no ser criticadas.

Personalmente, yo no estaba convencida de dar pecho. Lo hice por las circunstancias en que nació mi hija. Era tan chiquita que parecía que se iba a romper. Una noche que fui a verla en la incubadora, la enfermera me dijo que lo mejor que podía hacer era darle mi leche. Así es que contra viento y marea me puse de vaca.

No voy a entrar en detalles sobre la “esclavitud lechera”, pero les aseguro que conectarse a las máquinas “sacaleche” es muy doloroso y más si son las profesionales que usan en el hospital.

Lo hice por más de 3 meses hasta que mi niña tuvo la fuerza suficiente para chupar por sí misma. Pero yo no espero que otras mujeres lo hagan y me gustaría que no hubiera tanta presión. Me tocó ver en el hospital a madres desoladas tratando de sacar cada gota de leche con lágrimas en los ojos porque sus pechos no daban más. ¿No deberíamos de tener un poco más de sentido común y menos leyes?