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lunes, 24 de enero de 2011

El antónimo de compartir

El ver crecer a los bebes es alucinante. Todos los padres lo saben, pero es difícil compartirlo sin arriesgarte a parecer un papanatas, o sin crear inmediatamente una competencia entre las demás madres.


En cualquier reunión, basta con que una mencione orgullosamente que su niño ha comenzado a gatear (por poner un ejemplo) para que las demás comiencen a hacer una lista de las grandes hazañas de los suyos.



“Pues el mío se paraba de cabeza desde las 12 semanas!”, es una afirmación exagerada y estúpida, pero no imposible de escuchar cuando se inicia el círculo de comparaciones maternales.



Hasta cuando hablas de cosas “malas”, como el no dormir, hay competencia. Si una dice que su niño despierta tres veces durante la noche, no faltará aquella que asegure que la suya se despierta cada dos horas. (Esa soy yo, por si acaso)



Pero, no porque todos los bebes pasen por las mismas etapas, deja de ser alucinante lo que hacen. ¿O sí?



Una de las lecciones de la maternidad es definitivamente aprender a callar. No es lo mismo decir en una cena: “Cuando subí el Aconcagua bla,bla, bla” que “mi niña ayer giro en su barriguita como una reloj”.



Por alguna razón, el hablar del Aconcagua es “divertido e interesante”, mientras que hablar de tu niña es “monótono y aburrido”.



Pero ¿saben?, no me importa mucho porque el sentimiento que da ver crecer a tus hijos es tan grande y maravilloso que compensa lo demás. ¡No hace falta ni siquiera compartirlo!



Aunque, tengo que admitirlo, yo no resisto llamarle a Mr. D y a los abuelos para contarles las hazañas de mis nenorras. Con ellos, hasta puedo darme el lujo de presumir de los pedos de mis niñas.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Gira y gira

¿Cómo no marcar a mis niñas?, me preguntaba el otro día. Hoy mi niña más grande me dio la respuesta.

Tengo simplemente que dejarlas ser. Quizá no todas sus reacciones me gusten, pero siempre me hacen reír con sus ocurrencias. Hoy, por ejemplo, a la más grande le dio por dar vueltas y vueltas. Estaba la radio prendida mientras preparaba el desayuno y cuando volteo ¡la veo que está girando como un trompo! Cuando para la música, se para medio mareada y se comienza a reír a carcajadas.

Tal como me dijo una amiga que tuvo niños mucho antes que yo: “el corazón te crece cada día un poco más para poder quererlos más”.

Así es que mientras fuera está congelando, yo dentro de mi casita estoy muy feliz. Incluso puedo admitir que no me importa no estar trabajando en este momento. Los bailes de mi nenorrona (la grande) y los cachetotes de mi nenorra (la chiquita) me tienen muy entretenida. Y por si fuera poco, logre hacer un muy maltrecho muñeco de nieve que luego mi niña decoró con gran cuidado.