martes, 29 de marzo de 2011

¿Sin ninguna duda?

Parece que la nenorrona ya va mejor. Por lo menos está menos pegajosa y eso es una señal inequívoca de que se siente mejor. Cuando esta mala ni con la abuela se quiere ir. Ayer cuando vinieron a recogerla estaba tan contenta de ver a su "nanny" (la abuela inglesa) que me ignoró por completo. ¡Ah ingrata!


Me quedé en casa con la chiquita cantando a todo pulmón la canción de Astrid Hadad: "como si fuera un calcetín". ¿La han escuchado? esta buenísima esa rola y aunque nunca se la cantaría a un hombre, a mis nenorras lo hago con todo gusto: "como si fuera un calcetín me pisas todo el día en el suelo me traes arrastrada por tu amor."


Pero fuera de bromas, ahora sólo me queda esperar a que no haya más recaídas. Por si las dudas no pienso cancelar una cita con el pediatra que tengo en dos semanas. La verdad es que me gustaría saber o intuir que ya pasó el virus, pero no lo estoy.


¿Qué pasa con mi intuición femenina? La gente dirá lo que quiera, pero yo sé que existe la intuición. Les podría dar muchos ejemplos, pero creo que el más claro fue cuando el “ex-mariado” se encontró a una amante. Era rusa y se llamaba Irina. Eran colegas y sólo me bastó mirarla para saber que había algo entre ellos. ¿Se comportó de una manera extraña? No. ¿Era muy llamativa? Ni eso. Incluso era más fea que las demás colegas que me presentó ese mismo día. Sin embargo, yo lo supe inmediatamente.



Si soy tan buena intuyendo tantas cosas, ¿por qué no puedo saber con seguridad ciega que mi nenorrana está bien?



Es como si el poder sólo sirviera para captar cuando está enferma. Al GP alias "viejo-tarado-tengame-paciencia-que-no-he-dormido", siempre le digo: "mire, ya sé que la niña está comiendo, cagando y miando. Ya sé que no se ha desmayado, pero yo le aseguro con toda la seguridad que mi nenorra no está bien". (y el pleonasmo no lo uso en vano, ojo)



Ahora me gustaría llamarle y decirle: "pinche viejo, fíjese que ya no necesito ni de sus pinches consejos, ni de sus pinches cartas, ni de sus pinches exámenes, ni de sus pinches jetas, porque mi niña esta bien sanota". Pero claro, no estoy segura. Así es que mejor me quedo calladita, no? Y de todas maneras el "pinche" no se traduce muy bien.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Primavera, ¿ya llegaste?

Hace mucho que no escribo porque me aburre hablar de enfermedades. No quiero escribir más sobre los ojos tristes de mi nenonorra, que me parte el alma y me consume de angustia. Pero por ahora parece que no tengo respiro.

Cuando parecía que todo comenzaba a volver a la normalidad, la nenonorra (la grande) vuelve a tener una especie de resfrío. La noche la pasó fatal y para colmo me tocó llevarla a la clínica para que le sacaran sangre. La enfermera era una estúpida inepta que tuvo que picarla dos veces. Ni siquiera le puso la “crema mágica” para que le doliera menos.


Yo, igual de inepta, abrazaba a mi niña y trataba de cantarle para que se distrajera. Lo malo es que se me cortaba la voz porque no podía controlar las lágrimas. Al final tuve que salir corriendo de ahí porque casi agarro la aguja y se la clavo en los ojos a esa estúpida.


¿Por qué tengo tan mala suerte con los doctores y enfermeras? ¿Será que llamo a la mala suerte? Pero, por ahora, de nada sirve preguntarme esas cosas. Ahora a esperar los resultados y a esperar que la niña pase una mejor noche. Si no tendré que regresar nuevamente al médico para volver a pelearme.


“En mi país que ustedes consideran de tercer mundo a mi niña ya la hubiera visto un pediatra”, le dije enojadísima al GP la última vez. Sólo a regañadientes me han mandado a hacer las pruebas de sangre. ¿Creen que pondría a mi niña para que la picotearan nada más porque sí?


Pero tengo que controlarme, y sobretodo tengo que tener calma para no pasarle la angustia a las niñas. Por lo menos la chiquita va muy bien y hoy descubrí que le gusta mucho el aguacate. ¡Viva México!, pensé.


La verdad es que me gustaría escribir sobre estas cosas y no sobre enfermedades. Quiero contarles sobre como cantan las nenorras. Incluso me gustaría escribir de mocos, de poposotas y de los pedotes de mis bebitas.


Por eso, espero que la llegada de la primavera devuelva el brillo a los ojos de mi nenorrona, la grande, que dentro de poco será la pequeña. ¿Sabían que ya pesan lo mismo? Supuestamente tendría que pesar 14 kilos, y sólo llega a los 9 kilos. Por más que quiero tener humor y pensar en que yo se los podría transmitir por osmosis de lo más encantada del mundo, no puedo. Estoy preocupada y quiero regresar a la “aburrida normalidad”.

jueves, 17 de marzo de 2011

Como una eternidad

¿Recuerdan alguna vez a su madre enferma? ¿Verdad que no? Y es que no lo había pensado antes, pero eso de enfermarse está muy complicado.

Lo peor es que era de esperarse. Mientras las nenorras estuvieron enfermas comenzó a dolerme la cadera. No le presté mucha atención. El día que sentí que la grande había salido por fin del círculo vicioso fue cómo si mi cuerpo se diera permiso a caer y la espalda se me bloqueó.


Dentro de todo, prefiero mil veces enfermarme yo que mis niñas. Además tengo la suerte de tener una suegra maravillosa que se encargó de las nenorras mientras Mr. D podía organizarse para venir a mi ayuda. Pero es frustrante no poder curarse con una pastilla mágica.


El tratamiento es además muy poco realista: no te muevas y no levantes peso. ¿Cómo le explicas a un bebé que no puedes cargarla? Tan sólo espero que me recupere rápido, porque cada día que pasa me parece una eternidad.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La tiranía de la convalecencia

Parece que ya ha pasado lo peor. Hoy en la tarde, tras tantos días de espera y preocupación, volvieron los ojos picaros de mi nenorrona (la grande). Ahora lo que me preocupan son sus dientes. Por alguna extraña razón se le rompieron sus dientes frontales, así es que no me queda de otra más que llevarla al dentista.

Espero que no sea algo muy grave porque no me imagino a mi niña sentada en la silla del dentista abriendo la boca.

Pero ya me preocuparé de eso mañana. Hoy quiero tomarme un pequeño respiro. Incluso la nenorra (chiquita) parece que está mejor de la tos y ha comenzado a gatear. Su cara de triunfo cuando logra desplazarse por la habitación es impagable.

jueves, 3 de marzo de 2011

Como pulpo capturando proyectiles


Mis nenorras siguen enfermas, pero por lo menos ya las vio un doctor en serio y eso me ha tranquilizado. Tuve que llevarlas al hospital. La nenorrona (la más grande) sigue con antibióticos y sigue durmiendo en mi cama. La verdad es que no sé cómo voy a lograr devolverla a su cuna.


Pero por ahora prefiero no preocuparme mucho por eso. Creo que este periodo de enfermedad ha reforzado la necesidad de dejarse llevar por la corriente y concentrarse en el día a día sin hacer ningún plan.


Para mi sorpresa, la estoy llevando mejor. Antes de dormir preparó todo para cambiar la cuna de mi nenorra (la chiquita de 6 meses) por si se vomita por la tos. La verdad es que ya lleva varias noches haciéndolo. La primera vez me agarró tan desprevenida que me cubrió de vomito. A las 3 de la mañana, la verdad es que no es agradable.


Ayer, cuando oí que venía otra crisis de tos, logré incluso capturar el “proyectil” con una toalla y así evité tener que despertarla más para cambiarla por completo. (Y no es una broma, cuando les digo que es un “proyectil” de vomito.)


Otro departamento en el que estoy logrando menos drama es en la toma de medicinas. Mi nenorrona es especialista en dejarse el jarabe en la boca para escupirlo en cuanto me descuido. No sé cómo pero he logrado convertirme en pulpo con suficientes manos para detener sus manos, abrirle la boca, e incluso capturar el líquido que se escurre.


Pese a estos “logros” sólo pienso en regresar a la normalidad. Ya no quiero ver los ojos tristes de mi niña cuando le llega la fiebre y no quiero tener que escuchar a mi pobre bebita sufriendo con la tos.

lunes, 28 de febrero de 2011

Un médico de confianza, ¿es mucho pedir?

Vaya inicio de semana. Mis nenorras están ambas enfermas, una más que la otra, pero es igual porque no me puedo clonar. Las noches son lo peor, ¿por qué será? Las horas nocturnas además pasan más lentamente que durante el día, ¿lo han notado?


Lo que llevo peor, sin embargo, no son las desveladas pero su llanto. Sé que de nada sirve que yo llore, al contrario, aún así no puedo evitarlo. Abrazo a mi niña a mitad de la noche y parece que enjuago sus lágrimas con las mías.



Todas nos levantamos con mal pie y yo no sé por dónde empezar. Tanta es mi desesperación que le llamo a la suegra a las 7 de la mañana para que venga a salvarme. Quisiera ser más fuerte y no desmoronarme. Pero los ojillos tristes de mis niñas me hacen un nudo en la garganta.



En estos momentos daría lo que fuera por tener un pediatra de confianza a quién llamar. Seguro que sufriría menos angustia si no tuviera que enfrentarme a un “GP” poco simpático que me trata como si fuera una tarada.



Me dan ganas de decirle que efectivamente soy una tarada y por lo tanto quiero que me explique qué es lo que tienen las niñas. También podría explicarme el por qué ha recetado a mi nenorra un anthihistamínico. ¿Desde cuándo mi niña es alérgica? ¿y alérgica a qué? ¿Por cuánto tiempo tengo que darle eso? O mejor aún, ¿por qué no me explica cómo un antihistamínico le va a quitar la fiebre a mi bebita?



Claro, para eso el dichoso “GP” no tiene tiempo. Sólo tiene tiempo para decirme que me preocupo demasiado. No le jode. Pinche viejo. ¿Acaso lleva él varias noches tratando de consolar a sus niñas que no mejoran?



Para colmo tiene el descaro de decirme que él las ve “bien”. Si ni siquiera le escuchó los pulmones, ni le revisó los oídos!



Por lo menos tengo una super suegra que no sólo ayuda, pero también pone las cosas en perspectiva. Y por lo menos puedo desahogarme en este blog. Pero tendré que incluir “un GP decente” en mi lista de deseos. Esto de no tener un médico de confianza para mis nenorras me va a matar de angustia. ( y miren que ni siquiera aspiro a un pediatra…. )

martes, 22 de febrero de 2011

Entre dientes y cronómetros

Mi nenorra (la chica) ha vuelto a las andadas y lleva noches que no me deja dormir. La buena noticia, sin embargo, es que hay una buena explicación: ayer le salió su primer diente. Es curioso sentirse orgullosa por el dientecillo de un bebé, pero cuando descubrí la puntita blanca fue como si me hubiera ganado un gran premio.

Por si acaso, decidí darle muchos besos en sus cachetotes divinos como antídoto al mal humor que me invade cuando llevo noches sin dormir. Pero tengo que admitir que por más buena voluntad que ponga al asunto, al final Mr. D termina pagando los platos rotos. Parece que mi paciencia esta intrínsecamente relacionada con las horas de sueño. Entre menos duermo, más malhumorada me siento.


Fue así que el domingo se me ocurrió la idea del “cronómetro”. Cualquier pareja que haya ido a encontrarse con amigos solteros y sin niños sabe que habrá que turnarse para cuidar a los bebés y más si ya han comenzado a caminar como mi nenorrona (la grande) que parece una escapista profesional. Pero ¿cómo asegurarse que se divide el tiempo por parejo? ¿Cómo asegurarse que no es la madre la que termina atragantándose la comida por cuidar a las criaturas?


Tan complacida estaba con mi plan, que hasta pensé que debería abrir un negocio de relojes de arena que vayan colgados a la carreola. Estoy segura que muchas madres sienten lo mismo que yo. Pero, la emoción me duro poco. ¿Qué pasa si al final mi percepción de tiempo está alterada y resulta que Mr. D pasa más tiempo correteando a las nenorronas que yo? Mejor no me arriesgo.