martes, 22 de febrero de 2011

Entre dientes y cronómetros

Mi nenorra (la chica) ha vuelto a las andadas y lleva noches que no me deja dormir. La buena noticia, sin embargo, es que hay una buena explicación: ayer le salió su primer diente. Es curioso sentirse orgullosa por el dientecillo de un bebé, pero cuando descubrí la puntita blanca fue como si me hubiera ganado un gran premio.

Por si acaso, decidí darle muchos besos en sus cachetotes divinos como antídoto al mal humor que me invade cuando llevo noches sin dormir. Pero tengo que admitir que por más buena voluntad que ponga al asunto, al final Mr. D termina pagando los platos rotos. Parece que mi paciencia esta intrínsecamente relacionada con las horas de sueño. Entre menos duermo, más malhumorada me siento.


Fue así que el domingo se me ocurrió la idea del “cronómetro”. Cualquier pareja que haya ido a encontrarse con amigos solteros y sin niños sabe que habrá que turnarse para cuidar a los bebés y más si ya han comenzado a caminar como mi nenorrona (la grande) que parece una escapista profesional. Pero ¿cómo asegurarse que se divide el tiempo por parejo? ¿Cómo asegurarse que no es la madre la que termina atragantándose la comida por cuidar a las criaturas?


Tan complacida estaba con mi plan, que hasta pensé que debería abrir un negocio de relojes de arena que vayan colgados a la carreola. Estoy segura que muchas madres sienten lo mismo que yo. Pero, la emoción me duro poco. ¿Qué pasa si al final mi percepción de tiempo está alterada y resulta que Mr. D pasa más tiempo correteando a las nenorronas que yo? Mejor no me arriesgo.

martes, 15 de febrero de 2011

Mi pequeña adolescente

Cuando voy por la calle se me ocurren mil ideas para escribir. Pero cuando estoy en casa me falta el tiempo y las ganas. Yo creo que sigo un poco “entumida” y por eso hoy que he tenido un buen día no voy a desaprovechar la oportunidad.

En el grupo de canto me encontré con varias madres buena onda. Últimamente había tenido mala suerte y continuamente me topaba con vacas. Soy nueva en el barrio y muchas veces me preguntaba si ese era el problema. En realidad creo que el problema es asistir a grupos de bebes con mi nenorrona que cumple 2 años el próximo mes.

No tengo mucha opción porque también tengo que incluir actividades para la nenorra de 6 meses, así es que intento combinar las cosas. Pero hasta ahora era toparme con una pared.

¿Cuál fue la diferencia? ¿Por qué hoy la actitud de las otras mujeres fueron menos hostiles? Yo pienso que fue suerte, no es posible que sólo haya vacas en este mundo, no? Pero, si soy super honesta, creo que la actitud de mi nenorrona “la adolescente” tuvo mucho que ver.

Creo que todos hemos escuchado el dicho de “los terrible dos” y temo decirles que es por algo que lo dicen. Mi dulce niña últimamente hace más travesuras que de costumbre. En el grupo de canto es muy divertida porque se para a bailar, pero hoy decidió convertirse en escapista profesional.

¡Parece imposible que con esas piernitas pueda correr tan rápido! Así es que ahí me tienen con una bebota en brazos tratando de perseguir a mi adolescente. Llego un momento que no podía más y para mi sorpresa la mujer junto a mí se ofreció a ayudarme.

No me dio ninguna lección de cómo ser una supermadre, ni me hablo de lo buena que ella era. Sólo me dio la mano en un momento que las mías no me alcanzaban. ¡Qué genial encontrar gente así!

Y es que cuando uno cree que ya tienes la situación controlada, surge algo: en este caso la necesidad de mi nenorrona de rebelarse contra su mami.

Claro, tengo que admitir que prefiero a que juegue a escaparse, incluso prefiero que me cierre las puertas de su cuarto, a la horrible travesura que me hizo hace unos días. Debido a que la nenorra chiquita estaba llorando mucho en el baño, decidí sacarla antes. Cuando regresé de ponerla en su cuna en aproximadamente 2 segundos, escucho a la nenorrona gritando “CACA”. Efectivamente, se hizo caca en la bañera. ¡Qué asco!

lunes, 14 de febrero de 2011

Cuestión de madera

Yo creo que hay mujeres que nacieron para ser madres y otras que definitivamente no tienen madera para serlo. Lo peor, es que no lo sabes hasta que no estás en esa posición.

Yo, aunque me duela admitirlo, no tengo la madera. Me cuesta trabajo olvidarme de mis “necesidades” para estar disponible a tiempo completo para mis niñas. Digo que son “necesidades” porque en estos meses, que ya van a hacer dos años, me he dado cuenta que no hay nada que no pueda posponer por el bien de mis nenorras.

La mayor parte del tiempo no es el fin del mundo: cancelar una cena, cancelar el gimnasio, tardar semanas en lugar de días en leer un libro. Como bien les decía nada del otro mundo.

Los que saben dicen que la cuestión es comenzar a poner límites y retomar tu propio espacio. Pero eso es más fácil decirlo que hacerlo. Me temo que tendré que tomar clases de mi nenorrona (la grande) que es experta en decir que “no”. Tan experta que las otras madres piensan que a la pobre la tengo amarrada en casa de tan bien que dice “no”. Si tan sólo pudieran ver mi casa, parece que ha pasado un huracán.

lunes, 7 de febrero de 2011

Baja maternal, ¿dónde es mejor?

No he escrito hace días. Estuve un poco entumida por lo que pasa en mi lugar de trabajo, donde habrá recortes de personal. Aunque esté de baja maternal, es difícil no estar pensar en la oficina o en mi futuro laboral.


Por ahora he decidido emular al avestruz. Las malas noticias, sin embargo, siempre me hacen recapacitar. ¿Saben cuál es uno de los paises con peores condiciones para una nueva madre? Nada menos que EE.UU.



Según un informe del 2010 de las Naciones Unidas, donde analizan la situación de las mujeres, incluso Burundi tiene una mejor baja maternal que EE.UU. El informe es muy interesante, pero si no quieren leerse todo vayan a la página 213, donde está un gráfico donde comparan todos los países.



Es así que si tienes la “suerte” de vivir y trabajar en EE.UU. sólo tienes derecho a 12 semanas de baja maternal, sin pago alguno. Ni un quinto. Nada.



La mayoría de los países latinoamericanos tienen también 3 meses de baja, pero con ayudas financieras. Yo no tengo la suerte de vivir en América Latina, pero si tengo la suerte de vivir en el Reino Unido donde tienes 12 meses de baja maternal.



¡¿Un año?! Si, un año, aunque sólo los tres primeros meses gozas de sueldo. Luego, hasta los 9 meses, el estado te paga una pequeña ayuda. Y los últimos 3 meses no te pagan nada, pero tienes la opción de regresar a trabajar antes si así lo decides.



Claro, no quiero comparar con Noruega o Suecia, pero no me quejo. Doy gracias a aquellos legisladores y legisladoras que se han preocupado por crear condiciones que protejan a las madres. Aquí, por ejemplo, la baja maternal se extendió en el 2007.



Parece una tontería, pero no lo es. Este tipo de “avances” sólo se logran en momentos en que la economía es buena. Ahora no sería posible ni soñar con mejores condiciones. A finales del año pasado, en la Unión Europea fracasó una propuesta para unificar las cosas entre los países miembros. ¿La razón? Es muy caro para las empresas y para los gobiernos.



Por eso, hay que aprovechar lo que se tiene. Es como mi amiga Andrea me recuerda cuando me quejo del frio de febrero: “busca las flores que comienzan a surgir en esta época del año, anunciando el final del invierno.” Y es verdad, si uno camina despacio, encuentras sin fin de pequeñas flores.

lunes, 24 de enero de 2011

El antónimo de compartir

El ver crecer a los bebes es alucinante. Todos los padres lo saben, pero es difícil compartirlo sin arriesgarte a parecer un papanatas, o sin crear inmediatamente una competencia entre las demás madres.


En cualquier reunión, basta con que una mencione orgullosamente que su niño ha comenzado a gatear (por poner un ejemplo) para que las demás comiencen a hacer una lista de las grandes hazañas de los suyos.



“Pues el mío se paraba de cabeza desde las 12 semanas!”, es una afirmación exagerada y estúpida, pero no imposible de escuchar cuando se inicia el círculo de comparaciones maternales.



Hasta cuando hablas de cosas “malas”, como el no dormir, hay competencia. Si una dice que su niño despierta tres veces durante la noche, no faltará aquella que asegure que la suya se despierta cada dos horas. (Esa soy yo, por si acaso)



Pero, no porque todos los bebes pasen por las mismas etapas, deja de ser alucinante lo que hacen. ¿O sí?



Una de las lecciones de la maternidad es definitivamente aprender a callar. No es lo mismo decir en una cena: “Cuando subí el Aconcagua bla,bla, bla” que “mi niña ayer giro en su barriguita como una reloj”.



Por alguna razón, el hablar del Aconcagua es “divertido e interesante”, mientras que hablar de tu niña es “monótono y aburrido”.



Pero ¿saben?, no me importa mucho porque el sentimiento que da ver crecer a tus hijos es tan grande y maravilloso que compensa lo demás. ¡No hace falta ni siquiera compartirlo!



Aunque, tengo que admitirlo, yo no resisto llamarle a Mr. D y a los abuelos para contarles las hazañas de mis nenorras. Con ellos, hasta puedo darme el lujo de presumir de los pedos de mis niñas.

martes, 18 de enero de 2011

Una madre canica

Me duele el cuerpo y estoy feliz. Hace mucho tiempo que no me daba una paliza en el gimnasio. O estaba embarazada o recién parida o simplemente no tenía tiempo.


Hoy tras muchos intentos, lo logré: me pasé 4 horas en el gimnasio. Tengo que admitir que dejar a mis nenorras fue un placer. Lo siento, yo sé que no se deben admitir estas cosas pero es la verdad.

La grandesita ahora se porta mejor, pero la que no me da un respiro es la más chiquita. Lleva una semana de llorar por todo y yo estoy hasta las canicas.

Espero que sea una etapa. Ya casi cumple los 6 meses y quizá sean los dientes. Pero, mientras tanto, yo he tenido que modificar mis planes varias veces para llevarla al doctor porque no comprendo tantas lágrimas.

Los doctores me dicen que no es nada y claro que agradezco que así sea, pero esta etapa de chilladera está sacando a relucir muchos fantasmas.

En primer lugar resiento no tener control de mi tiempo. Es como si ya no dependiera nada de mí, sino de las niñas.

El otro gran fantasma, o más bien cuestionamiento, se trata más bien del futuro.

¿En qué tipo de madre me convertiré? Mi preocupación aumenta cuando leo los artículos que ha publicado recientemente la prensa inglesa sobre el libro de Amy Chua, "Battle Hymn of the Tiger Mother" ("Himno de Batalla de una Madre Tigre"). La escritora defiende y comparte su manera de educar a sus hijas. Su método es bastante cuestionable, aunque ella defiende que esa es la mejor manera de lograr que tus hijos tengan éxito en sus vidas.

En lo que a mí respecta, ODIO las etiquetas y me pone nerviosa esa manera de imponer ciertos ideales. De todos modos, ¿cómo llamaría la señora Chua a las madres como yo? ¿Canicas?

jueves, 13 de enero de 2011

Consternada con la 3ra dimensión

Por fin logré ir al gimnasio. Llegué contentísima a la clase. Una hora para mi solita y solo para mí, pensaba con alegría. De repente, y tal como cantaba Emmanuel, todo se derrumbó. Me vi reflejada en el espejo del gimnasio en tercera dimensión.


Será por flojera o por “valemadrismo”, pero en casa sólo hay un espejo de cuerpo completo y está casi escondido. Creo que sólo me veo reflejada en el horno de la casa. Por eso la sorpresa fue mayor. Ni siquiera las fotos del bautizo de mi nenorra me habían preparado para tal espectáculo. Pero, ¿cómo, engordé tanto en dos semanas? No. Simplemente no me había visto en profundidad (y no lo digo en sentido figurado).


¿Saben que es lo peor? Que me dio risa y hambre a la vez. Definitivamente me tendré que coser la boca.