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jueves, 6 de enero de 2011

Tengo miedo que sea de noche

Tengo miedo que sea de noche. En realidad tengo miedo que mi angelito se convierta en monstruo otra vez. Ayer no dejo de llorar y la verdad es que nunca descubrí la razón de tanto llanto. Nunca tuvo fiebre y en la mañana estaba como si nada y más fresca que una lechuga.

La que está como uva disecada soy yo. Traigo una resaca como si me hubiera tomado una botella de tequila. Claro que no he tomado nada, pero las ganas no me faltan.


A eso de las 4 de la mañana, ya medio sorda y hasta las canicas de tanto llanto tuve que llamar a Mr D para que me ayudara. Lo único bueno es que estos episodios son muy raros. La nenorra nunca ha dormido bien, y tiende a despertar cada 2 horas, pero usualmente se vuelve a dormir rápidamente.


Ese ritmo (de despertar cada dos horas) me parece atroz, pero nada comparado con tener a un bebé que no para de llorar. Aquí en Inglaterra existe incluso una asociación de padres que ofrecen ayuda. Se llama Cry-sis. ¡Qué nombre tan apropiado! Yo espero no tener que llamarlos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Quiero que Bush sea mi niñera

Por más extraño que parezca, ayer en la noche pensé que George W. Bush debería ser mi niñera por las noches, así aprendería que no dormir es una tortura.

Mi gordita de 3 meses ha decidido que quiere comer cada dos horas en la noche. Pensé que sería una etapa pasajera, pero ya llevamos más de una semana así y no parece que vaya a mejorar. Mientras tanto yo y mi memoria están cada vez peor. Dentro de poco no sabré ni mi nombre.


No hay nada mejor que vivir en carne propia los estragos que hace el no dormir. Mi primera niña fue prematura y eso si que fue una larga batalla para que lograra dormir por más de tres horas seguidas.


Siempre me pregunté: ¿cómo es posible que una madre tenga depresión cuando tiene un recién nacido en sus brazos? Pues muy sencillo: al cambio de vida tremendo que tienes que hacer, súmale el no dormir y tienes la respuesta.


Espero que esta vez la batalla sea menos dura que con la primera, porque no se me da bien la receta de “dejarla llorar” hasta que se duerma. No creo que a ninguna madre se le dé bien esa receta. Si el llanto de un bebé ajeno es molesto, el llanto del propio es como si te taladraran el cerebro.


Por eso me temo que seguiré durmiendo mal hasta que me arme de valor para implementar la técnica de “niño duérmete”. Hay muchos detractores de este método, pero me lo recomendaron varias amigas y fue lo único que funcionó con mi primera niña. No se trata simplemente de dejarlos llorar, así es que no hay que juzgar hasta intentarlo. Eso sí, uno tiene que estar preparada para implementarlo y aún no lo estoy. Por eso, tan sólo espero que no se me olviden las llaves dentro de casa o salir con zapatos distintos. !Todo es posible!